domingo, 6 de diciembre de 2009

Copas y perdición

Apenas si puede,
el drama se le esconde en los gestos,
la risa le sale en una erupción perfecta.
Sobre las tablas es el mejor,
su personaje es un fuego
que posee lentamente el madero,
las cenizas le aparecen después,
cuando los aplausos terminan
y queda la otra función
la vida
y su ecuación tan compleja,
la soledad de su cama,
donde ya no duerme
la poetiza que amó.
Me lo dijo un día
en el que estábamos de copas y perdición;
buscaba la piedad de mis dichos,
como si alguna de mis rimas
tuvieran pistas ciertas del derrotero
de aquella mujer
de pelo negro y suelto,
que se había ido buscando
el refugio de estar lejos de su ego;
me lo dijo a la hora
en la que yo no quería saber nada del mundo,
cuando era un muchacho que coqueteaba
con la despedida,
como una enfermedad expectante
en el punto de partida.
Mi vida ha mejorado,
ya puedo comprar las entradas para verlo,
brillar como estrella en el firmamento,
gozar de los personajes de papel
hechos carne
y, mientras mis manos parían aplausos,
y de pie el público alimentaba el hambre del artista
se me ocurrió lo que tendría que haberle dicho,
jamás te enamores de alguien que haga poesía,
a veces, casi siempre,
somos más crueles que la vida.

2 comentarios:

  1. me encantó este, impresiona el manejo de la situación que hacés, excelente, Marcos desde Mercedes, abrazo

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  2. Me gusta el diologo interno mismo de tu poesia.

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