jueves, 8 de julio de 2010

Dos Evas

Se esconde,
apenas si se deja pisar,
es un extraño edén
al que sólo acceden los elegidos,
los que se han aventurado a caminar
llevados simplemente por la brisa del deseo;
es como ver la poesía
aflorando por cada esquina,
basta con conocer cuál es el lugar de partida.

Qué es primero,
la mirada que desborda,
la mano que se extiende con cuidado,
la palabra disfrazada,
empaquetada como una mercancía,
adquirida a fuerza de todas las ternuras,
de todos los besos
en todas las curvas,
en cada parte del cuerpo
en el valle de las piernas,
en la cúspide de los senos;
en los ojos por donde se va la inocencia
y vuelve el huracán de la orgía
que se comparte
como los sueños locos,
cosidos con utopías.

La ciudad es un arrullo de calma
sobre las calles vacías
sólo caminan los desclasados,
los burgueses con el estómago
lleno de vanidad
dichosos de de decirse una y mil veces
los felices que son por rozar el arte,
están las luces y los murciélagos volando
en su cacería nocturna,
el cielo oscuro de la noche sin luna
y las estrellas, todas, brillando desde el pasado…

El edén esta servido
detrás de una ventana,
dos Evas desnudas reinan en un beso eterno
como princesas de otro cuento de hadas.

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