lunes, 12 de abril de 2010

Dedos sangrantes

Incrédulo de mí haber creído,
no había un futuro sino
una lluvia de cenizas
que había dejado el destino,
días, noches,
atadas a verdades a medias,
lo más probable que muera
sin cerrar el círculo
y lanzar el último escrito a los vientos,
buscando la piedad que da el suicidio
a los poetas que viven en otras voces,
tiempo después,
cuando la carne ya no se recuerda,
cuando ya no sufre,
inocente de haber osado
pensar las fábulas que no vendrán
a buscarme al amanecer,
brillando bajo el sol,
cantándome la canción de la esperanza
que recita lo de siempre,
intentá vivir,
hasta que el día se cierre
sobre su propio fin,
y sólo te espere
el papel donde escribir.

Ternura me da recordarme
de aquel adolescente con los dedos sangrantes
soltando la vida sobre el papel
cuando sólo existía esa rebeldía,
esa forma de llevar la vida
de sueños que se habían despertado temprano
y ya no creían
tomar forma y hacerse estampa,
pero he sobrevivido para decirle:
has recorrido un largo camino muchacho,
no has perdido la magia
de hacer que en papel todo sea posible,
y vivir todo cuanto se te haga
deliciosamente deseable.

Incrédulo de mí
al hallar la vida en este abismo sin fin,
resucitando
siempre al volver a escribir.

4 comentarios:

  1. ME ENCANTA!!!!! ES BUENÍSIMO!!!! Me recordó a mí, con pecas, escribiendo historias sangrantes y dulcísimas.....

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  2. Buena la intención me gustaría más ritmo. Saludos.

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  3. me gusta tu estilo !!! te visitaré a menudo !!

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